No se ha constatado que los rendimientos de las cosechas aumenten con las plantas transgénicas, pero sí que disminuyen en muchos casos. En Estados Unidos se dan pérdidas de producción en soya transgénica de hasta 7% con respecto a la soya convencional. En México los transgénicos no le sirven a la mayoría de los agricultores mexicanos que tienen pequeñas parcelas de tierra sembradas con cultivos diversos (frijol, haba, calabaza, quelites, además de maíz), bajo condiciones ambientales variables, inadecuadas para los transgénicos existentes.
Además, la mayoría de los campesinos mexicanos no pueden
financiar el paquete tecnológico (diseñado para grandes superficies de monocultivo
que cuentan con riego, maquinaria, fertilizantes y herbicidas) indispensable
para que los transgénicos “sean altamente productivos”. De ahí que esa propuesta
tecnológica resulte excluyente para los campesinos de autoconsumo, que son la
mayoría.



